Esta reseña la escribo desde el otro lado, aquí la verdad es relativa, todo el mundo tiene la razón hasta que no la tiene: mesura, lo llaman. En el mundo real la cosa se complica, entra en juego el Capital. De pronto, la verdad no es más que una mentira emocionante. Como el Indicador Público de Renta con Efectos Múltiples o la Formación Bruta de Capital Fijo. Aquí no hay, aquí uno puede tener una cosa con la tranquilidad de poder aspirar a otra. Sin más.

Llegué ayer. Me mantuve un rato en Babia y con cierto asombro traspasé el umbral. Descubrí que somos todos idénticos. La misma persona. Yo soy yo, mi suegra y Manuel Mistral, el músico. Entre todos. Así que ando aún bastante perdido, no acabo de comprender del todo el procedimiento, si miro fijamente a los ojos de mi suegra: me derrumbo. Quizá porque ya me libré una vez de mi suegra. Quizá porque el nuestro es un nosotros muy difícil de asumir.

Por lo demás, el otro lado es un lugar agradable. A nadie le da por publicar un libro de novecientas cuarenta páginas y mil doscientos veintinueve gramos en un catálogo de biblioteca breve. Por ejemplo. En la mundo real, sí. Allí se levanta un día un mandamás de Seix Barral con ganas de marcha y te perpetra los Articuentos completos de Juan José Millás en una mañana. Lo planta ahí, en tu vida, como un pino. Los Articuentos son breves, piensa, gustarán.

Y así, desde 2011, se han documentado todo tipo de lesiones musculoesqueléticas relacionadas con el libro. Son lesiones recurrentes, que afectan a músculos, tendones, huesos, ligamentos, discos intervertebrales y nervios de espalda, cuello, hombros y extremidades superiores. Porque los Articuentos son breves pero muchos, muchísimos, nunca nadie se atrevió a contarlos, tal vez por miedo, o por paralización, juntos son demasiados, no hay persona humana que los pueda soportar.

Luego queda lo de dentro, la miga, los culos más amables de la prensa matinal. La biblia de Millás, con prólogo de Juan José Millás. Algunos de los textos de ficción periodística más destacados de la narrativa española en un soporte fallido. F-a-l-l-i-d-o. Que levante la mano el mandamás. Usted: Hasta Millás pide disculpas en el prólogo. Por favor.

Claro que también puedo estar exagerando. Quizá no haya nada más allá de los sucesos lánguidos de lo cotidiano. Quizá un libro así sea normal y la línea recta que traza el capital continua tras cada torcedura. Si es así, les pido disculpas. En mi nombre, en el de mi suegra y en el de Manuel Mistral, el músico. Entre todos.

(Artículo publicado en #unlibroaldía el 30/09/2013)
Fotografía: Guadalupe de la Vallina / Jot Down

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02/10/2013

Comments

Escuché de un tipo, un bibliotecario o cantante lírico, que se destrozó el pie izquierdo al leer los Articuentos. El libro se le cayó de la mesa; le mochó dos dedos. El empeine se le quebró en tres. Dicen.

El caso está documentado, señor Hladik: rotura del quinto metatarsiano del pie derecho, con efecto rebote hacia el pie izquierdo y lesión fantasma en el empeine. Sin embargo, se catalogó en su momento como una lesión no intrusiva, debida más a una torpeza mayúscula del paciente que a la implicación directa del libro. Agradezco, don Tago, su comentario, y le invito a participar con más asiduidad pues parece usted una persona juiciosa y de bien a muy bien.

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