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Categoría: Internet

Legiones de idiotas

La gente sigue demasiado viva, así que no uso Facebook, ni Twitter, yo tengo unos blogs: en ellos escribo, punto seguido. Un escritor es una persona que escribe. En mi caso, soy una persona que escribe y va intercalando víctimas dentro de un procesador. Mi primera víctima es el lenguaje, que, según Gracián, sirve tanto para expresar nuestros pensamientos como para disfrazarlos. Punto y aparte.

Mi segunda víctima suele ser toda una autoridad: el lector. Tengo presente que sus brazos y sus piernas son la primera mitad de unas comillas de pico, dos puntos, se mantiene a la espera. En esa posición le sientan muy mal los pretextos, pero no me preocupa, total, un lector no escribe, y si escribe, no va dejando víctimas por ahí.

Una vez tuve un CEO —un primer ejecutivo; es decir, un jefe—. Cada vez que le presentaba una idea, gruñía: «No tenemos un monopolio, tenemos cuota de mercado. Hay diferencia». Desde entonces guardo una sospecha interior: lo que se entiende por el máximo de una función quizá sea simplemente la careta de un cargo de mierda, puntos suspensivos.

Es la invasión de los necios, Umberto Eco ya lo avisó. Las redes sociales han generado una invasión de imbéciles que permiten hablar a legiones de idiotas que antes hablaban en el bar después de colocarse y ahora tienen el mismo derecho a opinar que su eminencia más próxima.

Ah, que ustedes no. ¡Milagro!

(Segunda mitad de unas comillas de pico. Mi mitad una mitad de viento metal, con su vibración y su flujo de aire.) (Punto final.)

Los mismos

Me llamo Alejandro Azkona, mi trabajo consiste en inventar el agua tibia y soy el señor de 43 que solía molestar siempre a los mismos: Santi Pérez, Francesc Bon, Patricia Millán, The Villacresporker… Para colmo a veces leía por ahí y molestaba también a otros, gente de esa estupenda que escribe por escribir, sus artículos pétalos perfumados, maravillas de la técnica que cualquier persona con sentimientos se ve obligado a comentar.

Como sufría mareas enteras de palabras, y además resultaba milagroso el día en el que comentaba algo referido a lo que cada cual escribía en sus posts, yo creía que mi dolencia no era una dolencia recurrente. Aun así, dormía con los ojos bien abiertos. Si alguien tenía algo que argumentar, le rogaba que eludiera el lenguaje directo. Mejor una elucubración, referirse a lo que dé la gana referirse, pero pensando a la inversa. Mejor mejorar.

Sí, yo solía molestar siempre a los mismos, y algunas veces también a otros, pero, ojo, lo presente y lo subjetivo me eximen en caso de responsabilidad. Faltaría, la impunidad supone una infracción de las obligaciones, y yo no tenía obligación, mis faltas eran subjuntivas, el resultado es todo un indicativo. Puestos a echar la culpa a alguien, la culpa era de Windows. Un sistema cerrado no es un sistema, y yo allí estaba encerrado.

Ahora que tengo Ubuntu las cadenas de la esclavitud ya no me atan las manos, mis textos se sostienen solos en ángulos de noventa grados, podría llegar a ser el autor más literario del mundo… pero me faltan huevos. Los huevos son el «momento preciso» del lenguaje indirecto. Indirectamente, se sabe que el futuro tiende a llegar. Llegado el momento, en medio de un vahído preciso, más de uno se lamentará. Se lamentará entre lamentaciones y dirá: La madre que me parió, en Anagrama el Azkona este, con lo rarete que era, joder.

Si fuera chiquito, incluso, acabaría llorando.

Internet es un bucle

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Al igual que el fenómeno de la aparición de uno solo de los calcetines después de cada lavado indica que en algún momento de la evolución biológica nos desaparecerá un pie, las tan temidas cadenas de post —el horror, el horror— aparecen en nuestra vida virtual cual pececillos de plata, anticipando una realidad muy poco emocionante: Internet es un bucle. Un bucle que a veces comienza con un señor de gafas barcelonés escribiendo un blog en anorak. Un blog que gusta mucho a los lectores que escriben en camiseta. Los de camiseta resulta que adoran a los de camisa. Y los de camisa no se resisten a nadie en anorak. Pam, un bucle, ya está, se enciende la chispa y ya está: salto base dentro del sistema, de cabeza en el diagrama Ponzi de las cadenas de posts, los Blog Hop Projects o los Liebster Awards. El horror. Los rayos de sol recortados en la persiana. El horror.

Así que esta vez no voy a colaborar. No voy a colaborar y sí voy a colaborar. No voy a sumar a más amigos a la pata floja de las cadenas de posts, pero sí voy a aguantar cierta dosis de horror. Tiraré del hilillo de la información, pero sin muchas ganas. Calculando si la gente sigue dormida. Esperando que sí.

En respuesta al proyecto titulado: «Solo para intimos, siempre para interesados, sustancial pero intrascendente», propuesto por Francesc Bon en su blog el 30 de junio de 2014. Correspondo.

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Cosas como la latencia

(21.40, hora oficial de comienzo de post.)

Internet no está tan bien. Tengo algunas quejas. Un widget del blog de Francesc Bon no actualiza a tiempo mi feed, por ejemplo. Tampoco puedo ver el blog de Germán. Los de casi cincuenta siguen sin avisar a los de cuarenta y pico de todos los desarreglos pendientes, un asunto menor si la velocidad de Internet se midiera todavía en baudios, pero que con 30 megas surreales huele un poquito ya. Horacio Aragona anda desaparecido. Cines Pepito no admite Adblock. Windows es una interfaz gráfica que debe usarse en silencio, pues la gente de Linux da miedo y también asquea su activismo e irritabilidad. Villa no responde a las bromas. Deborahlibros no responde a las bromas. Santi sí responde a las bromas: la web de ULAD tiene 374 errores de código y 47 advertencias de seguridad.

Internet no está tan bien y luego hay cosas como la latencia. La Latencia. Si no sabes lo que es tus amigos te toman por tonto: «¿La latencia? Muy fácil», y entonces sufres una explicación imposible de seguir. Yo lo que entiendo es esto: la latencia es un retraso. O mejor, por afinar, la latencia es un retardo, y del tiempo de retardo depende la experiencia de Internet. Y claro, no es difícil adivinar quiénes vamos demorados. Y claro, al final resulta que los libros que la gente anuncia en Internet solo hay que comprarlos una vez: acabáramos. Por eso me quejo. Ser escritor no es contar lo que quieren leer otros, qué va, ser escritor es escribir lo que quieres leer tú. Aunque suponga un problema.

(21.55, hora oficial de arrepentimiento de post.)

Un post antipersona

Los posts antipersona o entradas antipersonales son un tipo de ataque literario destinado a incapacitar internautas. Se escriben con intención de colapsar los argumentos, degradando la moral del enemigo hasta el punto de renuncia o desistimiento. Por ello, se busca sobre todo que hieran lo justo, y no tanto que maten, ya que un muerto no causa tantas satisfacciones como un herido. Así, sus efectos más comunes son: digresiones, mutilaciones fantasma, lesiones oculares y auditivas, quemaduras.

Este post es un post antipersona. El típico post antipersona diseñado por venganza. Una forma distraída de atacar mediante la excavación de un túnel bajo las murallas del adversario y la colocación de un artefacto explosivo a muy poca profundidad, enterrado o camuflado con ironía, de tal forma que el argumento explosivo que contiene detone al ser activado inadvertidamente por una persona, o por varias personas, al final lo importante es que explote con susto.

Lo componen, esencialmente, una carga explosiva y un detonante. La carga explosiva, en este caso, es un #Dyango. Un #Dyango es la unidad básica de obstinación nacionalista. Se trata de una medida inversa: a mayor numero de #Dyangos, menor resistencia a la autoridad, siendo el mínimo uno. El cero no se contempla. Si no hay uno, aparece de la nada Gato Pérez y libera un comodín.

El detonante, por supuesto, es el tiempo, y solo una persona a la que conoces merece parte de ese tiempo. Si además encuentras un texto impropio en su blog personal, mucho mejor. Los posts antipersona aseguran las fronteras en disputa y restringen el movimiento de los conocidos en tiempos de guerra, de tal forma que las palabras atacantes puedan ser emboscadas o bombardeadas con mayor facilidad. Desde el punto de vista digital, los posts antipersona permiten que una fuerza organizada pueda superar a otra más numerosa.

Señor Bon: ríndase. Está usted rodeado de #Dyangos.

Liebster Award

Anoche recibí con ojos de susto una noticia inquietante: mi nombre aparecía, perfectamente escrito, en la lista oficial de los Liebster Awards. Aparecía una vez como primer autor de segundas lecturas. Aparecía otra vez por mi invención del biomas literario. Y para colmo de males me concedían, además, la Galita de plata por mis cambios constantes de humor.

Tras unos primeros minutos de gravedad y alarma, traté de pensar. Lo suyo sería consultar el asunto con Manuel Mistral, pensé. Ninguna realidad es anamórfica sin la opinión de Mistral. Así que incliné la espalda más que alargar el brazo, descolgué el teléfono y hablé con él. Para Manuel, la imaginación y el lenguaje desempeñan un papel determinante en los premios Liebster, aunque no conviene pensarlo mucho. Hay que ignorar las señales lánguidas de humo y prestar atención a la fumarada principal: anoche me dieron tres premios. ¡Tres! ¡A mí!

(Disculpen que no lo celebre y encamine mis gestos hacia el simple agradecimiento. Muchas gracias a Francesc Bon, Talita Traveler y The Villacresporker.) (Disculpen también que me demore un rato, las noticias inquietantes hay que difundirlas primero en Twitter, no sea que al final todo el mundo se entere por la prensa.) (A partir de aquí, esta entrada manual se convierte en automática.)

Los premios Liebster son algo que recibes, pero que a la vez tiene que otorgar. Estas son las normas…

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  • Nombrar y agradecer el premio a la persona o blog que te lo concedió.
  • Responder a las 11 preguntas que te hayan formulado.
  • Conceder el premio a 11 blogs y proponerles 11 preguntas para responder.
    Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo.
    Informar a los blogueros de su premio.

 

Estas son las 11 preguntas que Alex Azkona responde a Francesc Bon:

1. ¿Todo tu entorno está al corriente de que escribes un blog?

No. Resulta difícil convencer a los tuyos de que escribir en un blog es hacer algo, así que miento y digo que estoy todo el tiempo escribiendo una novela, que al menos se parece a algo.

2. ¿Has usado el blog para expresar cosas que no sueles poder expresar cara a cara o que simplemente crees que solamente el relativo anonimato y la soledad de un blog te permiten?

Yo de la gente hablo bien, excepto cuando hablo mal y entonces sufro de arrepentimiento. Sí que de vez en cuando me topo con algún idiota. (¡Huy! Lo siento.)

3. ¿Cuántas veces has pensado en abandonar el blog y cuál ha sido el último motivo por el que no lo has hecho?

¡Por favor! ¿Qué pregunta es esa? Nunca se abandona un blog. En todo caso se cambia de dirección web, que es como partir hacia el mismo lugar.

4. ¿Has pensado alguna vez en tu blog en términos mercantiles, asociándote con otros bloggers, montando negocios al estilo clásico, y finalmente descartándolo todo de golpe en base al cuento de la lechera?

¿Eh?

5. ¿Piensas que la blogosfera es, en realidad, una monumental manera de tener la cabeza entretenida, una especie de personalización absoluta de algo que no es ni TV ni chat ni relaciones personales ni referencias artísticas ni clubes de lectura sino todo a la vez?

La blogosfera es un lugar donde vivir. A la gente de la calle le puede parecer un lugar difícil, pero para los que venimos de la luna de Valencia es el lugar idóneo donde encontrar la paz de la estratosfera.

6. ¿Pensar es de izquierdas?

Por supuesto. Tenerlo pensado es más de derechas.

7. ¿Tu vida es más intensa desde que escribes un blog, o esperabas que lo fuera y no?

Alguien tendrá que decir alguna vez que un blog no cambia nada y que todo sigue igual con blog o sin blog. Pero no seré yo. Mantengo la esperanza de convertirme en alguien y que los demás no puedan.

8. ¿Acabaremos todos escribiendo blogs sobre petanca?

Acabaremos comiéndonos vivos.

9. ¿Algún post sin ninguna visita y que piensas que es muy injusto que así sea?

Casi todos, soy un cansino. O eso, o que cambio mucho de dirección web, pero algo es.

10. Situación física y emocional idónea para escribir un post. Horario, emplazamiento, compañía, ambiente general.

Si no debo dinero, ni tengo que pagar algo, y hasta me queda para mí,  entonces para qué escribir.

11. ¿Cuál es la primera lectura de la que eres consciente y el primer disco que compraste por iniciativa propia?

Las novelas «pulp» de los 60 y los 70, sobre todo Joseph Berna y Elliot Dooley. El primer disco lo compré en La Cope. Allí me colé y en su fiesta me planté, Coca Cola para todos y algo de comer… ¿Qué-me-preguntaaaabas…? Mecano, sí.

 

Estas son las 11 preguntas que Álex Azkona responde a Talita Traveler:

1. ¿Qué fuiste en tu vida pasada?

El típico tonto que vuelve.

2. ¿Cuál es tu personaje favorito (libro, cine, cómic, etc)?

Yo me levantaba todas las mañanas a entrenar como Rocky Balboa y subía corriendo las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia, en Filadelfia, Pensilvania.

3. ¿Cuál fue el peor libro que leíste?

Soy un escritor frustrado, de José Ángel Mañas

4. ¿Estamos solos en el universo?

Tú no.

5. ¿Cuál es la manía más ridícula que tenés?

Me hago el rizo. (Con el dedo índice trazo un movimiento en espiral sobre la coronilla, logrando en el acto un rizo espectacular, y con posterioridad un enredo o nudo.) (Más bien trazaba. Y lograba.)

6. ¿Cuál era tu dibujo animado preferido?

Mazinger Z, pero el original, el del planeador abajo.

7. ¿Para qué tenés muy mala memoria?

No lo recuerdo.

8. ¿Cuál es el dios más molón/el que más te gusta?

Mecagüen.

9. ¿Hay algo mejor que andar en pelotas por tu casa en verano?

Saberte espiado por un chino. O por un estadounidense.

10. ¿Cuál es tu comida favorita?

Papas con mojo.

11. ¿Qué hay después de la muerte?

La típica pregunta trampa.

 

Y estas son las 11 preguntas que Álex Azkona responde a The Villacresporker:

1. ¿Cuáles fueron los motivos que te impulsaron a publicar en tu blog por primera vez?

El único motivo serio fue dejar escapar los textos alegremente.

2. ¿Publicaste en papel algo de lo que hayas escrito? Si no, ¿tenés aspiraciones de hacerlo?

Gané un buen número de premios literarios que ya no recuerda nadie, excepto mi padre. Mis aspiraciones son más de aspiradora. O no.

3. ¿Cómo quién te gustaría escribir?

Me gustaría escribir un cuento «potuso» con Talita Traveler. Lástima de su Axel Rose, un tipo barbudo y con gracia, muy pulcro, agradable incluso.

4. ¿Cómo te gustaría que te recuerden?

Con una sonrisa.

5. ¿A qué cuestiones renunciarías con tal de poder continuar escribiendo y a cuáles no?

Una pregunta de champions league cuando estoy en Segunda División literaria denota una falta total de interés en este autor y su obra.

6. ¿A quién no le crees nada y a quién le crees ciegamente?

Me cuesta creer. Soy más de sospechar.

7. ¿Cuán extraño te resultaría encontrarte con un blogger que no conocías personalmente en la vida real?

Los amigos dejan de ser amigos cuando al caminar se van acercando y comprueban con sus propios ojos lo que parecía imposible.

8. ¿Qué opinas de quienes opinan sobre cualquier cosa sin saber de aquello que están opinando?

Que más triste es robar.

9. ¿Con qué frecuencia bailas o cantas en público?

Con una baja frecuencia.

10. ¿Alguno de los que están respondiendo es un bot?

El robot generador de captchas de Francesc Bon anda siempre por ahí, si te refieres a eso.

11. ¿Qué pregunta te hubiera gustado que te hiciera y no te hice?

La pregunta del millón. (Cuya respuesta es: Sí.)

 

Estos son los 11 blogs a los que premia Alex Azkona. Hay alguno ilustre, no se sabe cuál.

(Las notas al pie también son automáticas.)

La menor intención
Mis andanzas por el mundo
Cuaderno de frases encontradas (1)
Así en abstracto (2)
El ayudante de vilnius
El Panaóptico (3)
Francesc Bon
Sombras de Neón
El blog de Mobas (4)
Esto escribe Germán
Tongaine

(1) A Juan Berrio le está permitido responder en su blog de autor

(2) Sus seguidores se merecen un post. O al menos otra foto.

(3) Volvé.

(4) Parecía increíble pero ha llegado usted hasta aquí, ¡con la de trabajo que tiene!

 

Y estas son las 11 preguntas que Álex Akona les hace:

1. ¿Cuándo caíste en la cuenta?

2. ¿Quién te enseñó a planchar así?

3. En un sándwich: ¿Mayonesa, lechuga y tomate, o mayonesa y cierra la nevera que se estropean la lechuga y los tomates?

4. ¿Te ha entrado hambre?

5. ¿Comes a menudo y engordas o por el contrario comés de a poco y engordás?

6. ¿Te imaginas la vida escribiendo bien o te conformas con escribir como ahora?

7. ¿Tienes ganas de hacer algo diferente pero siempre acabas igual?

8. ¿Se puede partir hacia el mismo lugar?

9. ¿Te disculpas con la gente por no saludar y además mientes diciendo que estás pensando en una novela, cuento o entrada?

10. ¿Te inventas incluso un título y un argumento?

11. ¿Son con frecuencia mejores (los títulos y los argumentos) que los de verdad?

Volver a empezar

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Ayer me dijo un amigo que si no tuiteas todo el mundo se olvida de ti. Que ya hay bajas por este agobio. Ojo, decía. Era un pensamiento que extendía al mundo blog: si no actualizas con insistente regularidad, la gente que vino ya se fue, estuvo, y sus visitas se cuentan en negativo; te conviertes en una víctima digital, no en un muerto virtual en el sentido estricto de la palabra, sino en un cuerpo en trance de expiración social, en un cadáver anticipado.

No quise darle importancia. Uno vuelve a empezar y ya está, pensé. Vivo convencido de que nada en Internet puede reducirse a ecuaciones, de que es imposible verificar las fórmulas numéricas que yacen bajo la mente interesada de los pavos del «puntocom», gente como Enrique Dans o David Bravo, activistas del clan de la alambrada, del «mírame y no me toques», del «tranquilo, si hay que tocar, ya toco yo». Un clan en el fondo alegre, una forma de vida exitosa.

Uno vuelve a comenzar y ya está. En Internet resulta fácil. Puedes empezar, amagar, recular y desaparecer, en cualquier momento, y convertirte en un crítico feroz del comienzo, el amago, el retroceso y la huida un minuto después. Puedes repetir un error detrás de otro y tener un éxito inmediato, o puedes ser original y creativo y comerte los mocos. El tiempo es una medida imprecisa en Internet, su espacio un lugar extraño, desproporcionado.

En la vida, la real, en la que no paras ni estando paro, en la que si hay brotes verdes te florecen en el culo, la cosa cambia. Sigue siendo fácil comenzar: irremediablemente llega un momento exacto en el que te pones en marcha y caminas. El problema radica en volver a empezar, y si hablamos de literatura, comenzar de nuevo es un misterio. No hay gente que explique de verdad cómo ponerse en marcha otra vez. Más allá de unas breves líneas en la versión disidente de «Historia abreviada de la literatura portátil», de Enrique Vila-Matas, o de algunos consejos de Sergio Chejfec, no hay tratados que analicen la materia. Un escritor termina por recurrir al mito: cambia de ciudad, se encierra, innova, transgrede, que es como mirar el colgador de una vecina, un mundo lleno de indirectas con las que pretendes parecer diferente siendo igual.

Tengo reunidos en mi archivo nuevos comienzos de todo tipo. Uno de ellos consiste en descubrir la secuencia del signo medio largo, que no es más que un guión un poco más largo, y cuyo secreto es uno de los mejor guardados de la literatura moderna. Partir de ahí es una opción. Lo normal, en otras circunstancias, sería saltarse la ley y violar el copyright de un ebook cualquiera, digamos que de «El pibe que arruinaba las fotos», de Hernán Casciari, y darle marcha al ratón, cortando uno de los guiones medios largos y pegándolo en nuestro texto. Eso sería lo normal, digo, una idea brillante aunque nada factible. Las editoriales prohíben la copia del todo, o la parte, y por mucho que luzca el signo de una gran obra en nuestros textos, resulta algo muy poco profesional, nos obligaría al reinicio del regreso, y eso ya sería un bucle.

También se puede dejar de comprar revistas. Yo ya no lo hago. Desde ayer. Llegué al kiosko y hablé con Quiosquito Solari. Dije: Marcelo, escucha, mi gasto en revistas me lo cambias por caramelos sin azúcar, que ya los hay, habla con tu distribuidor, innova, transgrede. Al comprar revistas uno se fija en las portadas, todas prometen, y luego zozobra en su interior, blasfema ante los desatinos, se aburre. Antes de escribir una sola línea demos la bienvenida a la tapa dura.  O a la tinta electrónica. Digamos adiós al papel cuché. Adiós al olor a tinta y pegamento. Adiós a los intermediarios. Adiós a cualquier revista excepto a Orsai, por ejemplo. Dejemos una excepción que confirme la acción. Seamos justos.

Puede que al principio nos domine el vértigo, que nos preocupen las empresas editoras, que surja el temor a una debacle, a que no puedan recuperarse de un contratiempo así. Puede. Pero volver a empezar es, al final, pensar en que nada existió, la revelación algo tardía de que todo se resume en conseguir el milagro de una mirada perpleja.

photo credit: Saio via photopin cc

Si están, estás

Hay un señor medio fabuloso, del tipo de persona que desliza sus dedos por un teclado qwerty, escribe, y al momento te ves dando vueltas de campana frente a la pantalla del ordenador. Ya puede hablarte de un libro, de la música ambiental o del papel de váter, F reúne los despojos de la actualidad cultural, mira, remira, vuelve a mirar, y cuando crees que no hay nada más que pueda hacer, que no cuadra ningún borde, cierras los ojos, los vuelves a abrir, apenas un pestañeo, y ya, te ha pintado la cara.

Sé que no hay que hablar bien de la gente, hay que hablar mal, cuanto peor mejor, en ese aluvión constante de tópicos acartonados que nos llena la boca. Piensa mal y acertarás, hablar sin ton ni son, lo adecuado es lo correcto, a tontas y a locas, pocos y mal avenidos, es sintomático, puede, osea, al grano, sin tonterías, lo peor está por llegar, o lo mejor, ya sabes, nació de pie, seguro que sí, bluff, burbuja, reformas estructurales, lo de menos suele ser lo demás, los comienzos siempre son duros, los finales acaban mal, hay que forzar la máquina, tengo que desconectar. Un inventario infinito, un revoltijo interminable de frases comodín, donde ninguna se repite y todas concurren en su contexto adecuado.

Disponemos de una caja sin fondo, la caja perfecta que da siempre de sí. Son el alma del habla, la criba del lenguaje, si están estás, si no te excluyes, no formas parte, te esfumas, fuiste.

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Hoy es ese día

Hoy es ese día. Se te abre un ojo de madrugada y ves que todo es la mitad de nada, que no estás a gusto, que algo pasa. Ese día que amanece en un averno de negrura y ya sientes la certeza de que nada saldrá bien. Es una especie de fatiga, un cansancio. Los lunes se convierten en jueves o en sábados y también los miércoles en viernes y los martes en domingos. La fatalidad es el resultado de infinitos cálculos pero ahora todos sus factores son visibles: te levantas con el pie izquierdo, el pasillo es amarillo, pisas una grieta, rompes un espejo.

Mierda, hoy es ese día. Lo mejor es no hacer nada, está claro, pero tú te sientas delante del ordenador. Revisas tu blog y ya no te gusta, lo ves raro. Cierras los ojos y dices: Blog. Te suena mejor bitácora, algunos lo llaman weblog. Siempre que dices «blog» te acuerdas de la misma persona. Imaginas a Iñaki Uriarte con un cuaderno en la mano diciendo: Post, y te entra la risa. Una risa ligera. Apenas una risita previa al fin de la risa y al principio de la cara de respeto y consideración. No conoces a Iñaki, y piensas: Una persona es una persona, no importa lo reflexiva que sea.

Tienes un mensaje. Un amigo tuyo ha puesto en venta un Simca 1200 del 83. Es un clásico, ochenta mil kilómetros, nuevo. Hace una semana pedía 5750 euros. Ayer, 4150. Ahora, 2525. Mierda, hoy es ese día, se desploman los Mercados. Lo mejor es no hacer nada, está claro. Mejor sentarse en el sofá y mantenerse a la espera, pasar las horas, matar el tiempo.

Tu sofá es un viejo sofá chester, con el respaldo y los brazos en voluta, tapizado con un capitoné profundamente desgastado desde el interior del respaldo hasta los apoyos, pero no en el asiento. De patas cortas, torneadas, ligeramente aplanadas por los años y provisto de ruedas, su ascensión a trono te ofrece los ecos de otra época, ciertos sonidos reconocibles junto a otros nuevos, fijados en el presente, que hablan de esperas, de plazos…

Mierda, hoy es ese día. Sigue sin gustarte tu blog, te suena mejor bitácora, algunos lo llaman weblog. Cierras los ojos y piensas: Blog. Abres los ojos y piensas: Post. Te entra la risa, fin de fiesta en el reloj conjetural. Quizá solo se trate de mirarlo todo con perspectiva. Puede incluso que existan los milagros y tu amigo venda su coche. Si un día se desploman los Mercados, el resto solo puede mejorar.

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