Colaboración

«Calimero» Azkona no anda bien, quiero prevenirles. A sus artificios en general le suma ahora un miedo infundado a las correcciones de estilo, trastorno con el que trata de soslayar su falta de experiencia narrativa. Por eso ayer le propuse un nuevo e interesantísimo recurso y en este momento lo tengo sentado de urgencia en el salón, revisando la técnica.

Visto de cerca, los desperfectos son evidentes. Nariz aguileña, ojos vidriosos, garras: su estampa es la mortecina estampa del escritor de reseñas, ni siquiera sonríe, y si sonríe, su sonrisa es el dibujo de una risa ligera, un «ge» sostenido, no en el sentido estricto del error silábico, más bien se trata de una excepción licenciosa. «Ge». Al final de cualquier sentencia o afirmación. «Francesc Bon en su lecho de suerte, ge». «Las digresiones se presentan muy chatas, ge». «El que escribe deprisa viene de otra escala de tiempo, ge».

En el fondo ya no tiene sustancia. Sus frases son articulaciones lingüísticas formando secuencias lingüísticas, pero estas no se pueden descomponer en segmentos menores que presenten también una métrica de significado y una métrica de significante.

Repito: no anda bien. Si me apuran, su situación es gravísima. Las articulaciones lingüísticas son el fundamento que explica por qué una lengua carece de límites explícitos sobre lo que se puede expresar en ella, y aquí este señor periodista «españoparlante», Álex Azkona, sigue en las nubes, oiga, como un alma en pena.

Se lo voy decir, pero no con estas palabras. Frente a los peligros literarios solo existe un buen método: el indirecto. Ahora viene.

—Estás obsoleto, Azkona, te voy a zurrar en el blog.

—En 2055 el «52» de Matisse también se quedará obsoleto. Será «2052», ge.

—Tienes que dar el salto, la gente murmura por ahí. Supongo que ya te habrás dado cuenta…

—Las letras tienen que lucir perfectas, Manuel. Si no lucen perfectas, no merece la pena.

—Por eso lanzo mi suposición, sobre una acción terminada que ya ha tenido lugar o que se producirá más adelante, es la única perfección que conozco, la del tiempo verbal. Si no, que venga aquí un académico de la lengua y me modernice.

—¿Estás hablando del antefuturo, Mistral? Rápido, que venga el señor Villanueva.

—Basta de bromas, Azkona.

—Utilizo la terminología de Bello, seguida en varios países americanos…

—…

—Ge.

Escrito por Manuel Mistral