La llamada más tonta del mundo interrumpe la tonta rutina de un escritor. Una tonta al otro lado de la línea le dice que los McGuffin quieren invitarlo a cenar para desvelarle una tonteria. Al rato descubrirá que se trata de una convocatoria para participar en la Documenta de Kassel, la feria de arte contemporáneo, donde su cometido será sentarse a hacer el tonto en un restaurante chino de las afueras.

En Kassel, el escritor comprueba atontado que su estado de ánimo no decae al atardecer y que, además, la tontería lo invade también mientras pasea impulsado por una energía sospechosa que late en el corazón de la feria. (Yo sospecho que es la respuesta anodina e insultante del arte que se levanta contra la confusión, pero no tengo las pruebas aquí, luego las traigo.)

Sin recursos, hondura ni lucidez, Enrique Vila-Matas cuenta la historia de una tonta expedición: la del tonto solitario que, rodeado de tonterias, se atreve a traducir un idioma que no conoce, participa en bailes imposibles, duerme por partes y, al final, encuentra una excusa en el camino: comprar una terraza. Porque lo que compra es una terraza. Y desde su terraza de Kassel, este tonto nos invita a ver el mundo desde otro ángulo y a la vez se olvida de la esencia misma de la literatura: la razón, la verdadera razón, para no escribir.

Artículo publicado en Unlibroaldía el 14/10/2014