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Café Kubista

Partir

Va pasando el tiempo, voy lanzando frases significantes, la cadencia calmosa: escribir es partir, mejor no saber, aficiones hay mil, submarinismo no, sirenismo. Las letras son pliegos de cordel y yo el muerto que se agarra a vivir, un vivo de médico forense, como los libros de expurgo o el escritor en minúsculas.

Quiero combatir, pero no encuentro argumentos. F. tratando de evitar las lecturas agradables pero ligeritas, esas historietas con bichitos que toman vida y aspectos fantasiosos que no aportan nada. Hay que alejarse de todo aquello que no aporte nada. F. revelando que ha leído el exuberante párrafo inicial en el homenaje a Orsai y ha renunciado a enviar un texto suyo, pues resultan confusos, asimétricos, estridentes, desordenados. Qué quiere decir, no explica esta parte. ¿Leer es ahora una secuencia lineal? ¿Se suceden las pandemias entre pausas de minutos? G. asegurando que en Corea del Norte un misil le ha sacado la lengua al Tío Sam, que los iraníes traman algo, que el Frente Polisario avanza hacia el Sáhara Occidental, que un informe muestra gente vomitando en Haití. Rara vez me sentí tan informado. H. dimitiendo de su condición de escritor: a veces escribe, eso es todo. No es escritor quien escribe, sino quien no puede dejar de escribir. Tampoco es su caso; puede, perfectamente.

La vida real presenta una realidad muy triste. Mejor caer en un ejercicio de imaginación, recurrir al silencio editorial y a la vida furtiva, permanecer invisible. Que la gente rara sea mi gente: Salinger, Gaddis, Pynchon, McCarthy. Ver pasar el tiempo, lanzar cuatro o cinco libros significantes, sumar unos textos de interior, reinventar los microtextos macro.

Y, mientras tanto, ni mu.

© 2017

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