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Categoría: Martirimonio

Martirimonio (5)

Martirimonio 5: Mediación

—Marciana Maraver, le habla Beltrán Bable, subinspector de Policía. Salga.

—No tengo ninguna intención de abandonar esta santa habitación, señor comisario, y rara vez hay finalidad cuando se hace algo sin intención.

—Le está hablando la autoridad, que salga le digo.

—¡No! Cualquier acto de autoridad de hombre a mujer que no derive de una urgente necesidad ¡es tiránico!

—Marcelino, coño, diga usted algo.

—Yo en estos casos ni mu, mi sargento. Prefiero ir al Derecho a través de la policía. Cuando un hombre del Derecho se ubica en el Derecho sin la intervención de la guardia, no duerme tranquilo.

—Joder, Marcelino, una buena conciencia es la mejor de las almohadas… ¿Lo escucha usted también, Marciana?

—¡Cómo! ¿Que mi marido está con usted? ¡No me lo puedo creer! Deténgalo, señor comisario.

—¿Detenerlo? ¿Y a santo de qué?

—Mi marido ya no es mi marido, ¡es un monstruo! Oígame bien: ¡un monstruo! Que la sopa está salada… Y a él solo se le ocurre imponer la perturbación y el sobresalto. Sin una patata cruda y sin un nuevo hervor. Acabáramos.

—Hombre, si en esta negociación hay presente un monstruo, la cosa cambia, Marciana. Salga y acompáñeme a presentar la denuncia.

—¿Denuncia?

—Por supuesto, la libertad es un funcionario ciego, pongámosle gafas.

—Ah, entonces no, a mi marido hoy no se lo llevan de casa. Imposible dejarme sola.

Martirimonio: La serie

Martirimonio (4)

Martirimonio 4: Terapia

—A mí lo que me da miedo es salir a la calle. No sé a usted, doctor.

—Yo estoy aquí para escuchar, Marciana. Siga.

—Imagine que, por ejemplo, me cae un tiesto en la cabeza. Un tiesto puede ser lo peor. Y siendo así, difícil no salir perjudicada. Ni siquiera hace falta una maceta muy grande, oiga: un mal tiesto y ¡caput!

—Las actitudes negativas nunca resultan en una vida positiva, ¿lo sabía usted?

—Ya, eso seguro que funciona con otros pacientes, doctor, pero imagine: una planta inestable, un descuido, se juntan todas las fuerzas de la gravedad… y resultamos dos muertos.

—¿Dos?

—Dos, mi Marcelino y yo. Imposible dejarme sola.

—Marciana, no podemos cambiar nada sin antes comprender. La condena no libera, oprime. Si dos personas están siempre juntas en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos. ¿Qué dice usted, Marcelino?

—Digo que mejor tener cuidado, doctor.

—¿Cuidado?

—Cuidado. Ahí donde la ve, mi mujer no es una mujer, es una esponja.

—Las diferencias no están destinadas a dividir, sino a enriquecer. El respeto por otros guía nuestras maneras, Marcelino

—Mi Marciana es una esponja, doctor. Resulta incapaz de desplazarse por sí misma; carece de simetría corporal y por tanto no tiene una forma definida; habla y absorbe, habla y absorbe, sin descanso, o hasta que topa con otra amiga esponja y entonces muestra diferentes apariencias según las condiciones del encuentro, como la calidez del espacio, la familiaridad o la corriente de simpatía.

—Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo. Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

—A estas alturas de la vida uno debe conformarse con lo que queda, doctor.

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Martirimonio (3)

Martirimonio 3: Doctor

—Vamos a ver, Marcelino: su mujer. Diga algo.

—Mi mujer. Esta de aquí.

—¡Expláyese, hombre!

—Hombre, doctor, no se me sulfure, está claro que ambos operamos con la misma expresión regular, y me alegra, pero verá, resulta que mi mujer es una lánguida, vive como quien oye llover, se encierra dentro de sí misma y no hay quien le colme el aposento. Podría aplicarle una puntada que no entrañara incomodidad. Podría venirme arriba en vez de bajar al tiento. Podría cambiar de posición con absoluta seguridad. Pero no, mi mujer es una lánguida, doctor. No hay derecho, hombre.

—Bien. Ahora usted, Marciana. Lo mismo.

—Mi marido. Este de aquí.

—No, hombre, su opinión. Diga algo.

—Mi marido es un hombre, doctor, y me tiene cansada.

—Hombre, un hombre, su marido, sí que parece, mujer.

—Jesusito de mi vida, ve, yo ya no rijo, a mi edad la falta de riego suele ser un problema insistente… Quería decir: mi marido dice «hombre», doctor, todo el día. «Marci, atranca la puerta, hombre». «Marci, arrímate más, hombre». «Marci, el cigarrito, hombre». Agotadita me tiene.

—Muy bien, Marciana. Lo que se evita y no se reflexiona y acepta, queda por dentro escondido.

—Ya, pero… ¿no serán cosas mías, doctor?

—Hombre…

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Martirimonio (2)

Martirimonio (2): Reunión

Cumbre del clima en el salón de casa, ustedes leyendo esto, yo sentado en una silla y esperando a Marciana, que trae malos humos. Presten atención porque, al entrar, su primera reacción va a ser de susto. Fruto de la impresión repentina, comenzará de pronto a rechistar, pero yo, como siempre, ni mu. Mantengan la calma, es la importancia del fenómeno la que justifica esta nuestra reunión.

Ahora, silencio.

—Uy. Sálveme-el-señor. Virgen-mía-qué-susto.
—…
—¡Marcelino! No te quedes ahí parado. Me marcho a la mierda, Marciana, esas fueron tus palabras.
—…
—Total, ya te he dicho que no.
—…
—Desde luego: qué insistente, ahí, sin decir nada.
—…
—Que me da igual lo que digas, pero tú ahondando.

 

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Martirimonio

—Mira, las flores de ayer: huele.
—Hombre, huelen a muerto.
—¿Hombre?
—Hombre, yo las arranqué, tú las guardaste y se te olvidaron.
—¡Hombre!
—Hombre, mujer, tú ya me entiendes.

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