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Café Kubista

Martirimonio (4)

Martirimonio 4: Terapia

—A mí lo que me da miedo es salir a la calle. No sé a usted, doctor.

—Yo estoy aquí para escuchar, Marciana. Siga.

—Imagine que, por ejemplo, me cae un tiesto en la cabeza. Un tiesto puede ser lo peor. Y siendo así, difícil no salir perjudicada. Ni siquiera hace falta una maceta muy grande, oiga: un mal tiesto y ¡caput!

—Las actitudes negativas nunca resultan en una vida positiva, ¿lo sabía usted?

—Ya, eso seguro que funciona con otros pacientes, doctor, pero imagine: una planta inestable, un descuido, se juntan todas las fuerzas de la gravedad… y resultamos dos muertos.

—¿Dos?

—Dos, mi Marcelino y yo. Imposible dejarme sola.

—Marciana, no podemos cambiar nada sin antes comprender. La condena no libera, oprime. Si dos personas están siempre juntas en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos. ¿Qué dice usted, Marcelino?

—Digo que mejor tener cuidado, doctor.

—¿Cuidado?

—Cuidado. Ahí donde la ve, mi mujer no es una mujer, es una esponja.

—Las diferencias no están destinadas a dividir, sino a enriquecer. El respeto por otros guía nuestras maneras, Marcelino

—Mi Marciana es una esponja, doctor. Resulta incapaz de desplazarse por sí misma; carece de simetría corporal y por tanto no tiene una forma definida; habla y absorbe, habla y absorbe, sin descanso, o hasta que topa con otra amiga esponja y entonces muestra diferentes apariencias según las condiciones del encuentro, como la calidez del espacio, la familiaridad o la corriente de simpatía.

—Tomar la iniciativa no significa ser insistente, molesto o agresivo. Significa reconocer nuestra responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

—A estas alturas de la vida uno debe conformarse con lo que queda, doctor.

Martirimonio: La serie

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